Reseña: Oh my goods!

3.5/5
  • Mecánicas
    3.5/5
  • Dificultad
    3/5
  • Originalidad
    3.5/5
  • Arte
    3/5
  • Materiales
    3.5/5

¿Es posible condensar un buen euro en un juego de bolsillo? Oh My Goods!, que nos llegó a España de la mano de SD Games, es la respuesta a esta pregunta. Con tan solo 110 cartas, Alexander Pfister permite que de 2 a 4 jugadores nos pongamos en la piel de artesanos de la Edad Media en Europa que se esfuerzan en producir mercancías como herramientas, ganado, carbón, tela y mucho más.

Tamaño de bolsillo, máxima diversión

A simple vista, la principal atracción de este Oh My Goods! es su reducido tamaño y su más que económico precio, apto incluso para los bolsillos más exigentes. Sus escasos componentes engañan, ya que Pfister hace uso de un brillante sistema que permite que las cartas se conviertan en una auténtica navaja suiza: pueden ser recursos, mercancías, monedas, edificios…

 

oh my goods opinion

 

¿Cómo se juega? Pues bien, el desarrollo de cualquier ronda de Oh My Goods! se compone de cuatro fases: en la primera, los jugadores roban cartas (inicialmente, dos); en la segunda, llamada “Amanecer”, se sacan las cartas iniciales del mercado (el lugar del que todos los jugadores tomarán recursos de forma gratuita para producir mercancías en sus edificios), se programará la acción que se desee con el trabajador en un solo edificio, siempre según los recursos disponibles en el mercado, y cada jugador pondrá boca abajo el edificio que desee construir al final de la ronda; en la tercera, denominada “Atardecer” se sacan las cartas del siguiente mercado; finalmente, en la última fase, se producen los recursos pertinentes y se construyen los edificios. De este modo, existe un importante componente de suerte y riesgo, ya que en la gran mayoría de los casos tendremos que programar nuestras acciones (de producción y construcción) confiando en que nos salgan los recursos que nos faltan en la segunda ronda de mercado, el Atardecer.

En este sentido, los trabajadores tienen dos opciones de producción: ordenada y chapucera. Con la primera, el trabajador necesita todos los recursos descritos en el edificio para producir dos mercancías, mientras que con la segunda opción, el jugador puede elegir uno de los dos tipos de recursos que necesita el edificio en cuestión y restarle uno al número de recursos necesario (por ejemplo, de dos arcillas y dos piedras, a una arcilla y dos piedras); a cambio de producir una mercancía menos. Esto quiere decir que es posible paliar un poco este componente de “suerte” del que tanto reniegan muchos aficionados a los euros más duros. Además, también es posible utilizar los recursos de las cartas que tengamos en la mano descartando la carta pertinente.

 

oh my goods reseña juego de mesa

 

Durante la preparación, cada jugador recibe el edificio inicial, una carbonera (hay cuatro distintas), siete recursos en su carbonera, un trabajador y cinco cartas para su mano. Por último, el juego termina cuando un jugador ha construido ocho edificios, contando con su carbonera inicial. Después de eso, todos los jugadores tendrán una ronda más para seguir acumulando puntos de victoria y al final, ganará el que más puntos tenga.

Producción en cadena medieval

Hasta aquí todo suena muy convencional, ¿verdad? Colocas a tu trabajador, pagas los recursos, produces, construyes y amasas puntos de victoria. Puede que llegados a este punto os estéis preguntando si este Oh My Goods! introduce alguna mecánica llamativa que lo distinga de los millones de juegos de gestión de recursos que podemos encontrar actualmente en el mercado.

 

oh my goods reseña

 

En efecto, un aspecto crucial para ganar es hacer uso de las llamadas “cadenas de producción” que ofrece cada edificio. ¿Cómo funcionan? Pues bien, una vez hemos conseguido que nuestro trabajador active la producción del edificio, habiendo reunido los recursos necesarios en el mercado o aportándolos desde nuestra mano, es posible seguir bajando cartas de nuestra mano del tipo de recurso indicado entre las dos cadenas que aparecen en cada carta. De este modo, seguiremos produciendo tantas mercancías como cartas de ese recurso bajemos. Desde nuestro punto de vista, aquí radica el aspecto estratégico más importante del juego, ya que saber aprovechar correctamente estas cadenas (y construir edificios que nos permitan sacarles el máximo partido) resulta fundamental para producir mercancías, y por ende monedas, a menor coste.

Bueno, bonito rápido y barato

Uno de los achaques de este juego es sin lugar a dudas su apartado artístico. Somos plenamente conscientes de que su ilustrador, Klemens Franz, conocido por Agricola, Caverna y… Orléans, tiene sus seguidores pero a nosotros no nos convence su estilo de dibujo falto de profundidad. Quizás en este juego esto no supone tanto problema, ya que lo que predomina en las cartas son edificios, pero este aspecto nos sigue pareciendo mejorable. Con todo, la pega más importante la encontramos en las instrucciones, que pueden calificarse de indescifrables. Nuestra recomendación es visualizar uno de los fantásticos videotutoriales que podréis encontrar por YouTube. Aprenderéis a jugar en menos de diez minutos.

 

oh my goods analisis

 

Con respecto a la calidad de los materiales, las cartas pueden sufrir mucho durante las partidas, por lo que es muy recomendable enfundarlas.

Por último, debemos tener claro que estamos ante un juego muy, muy rápido. Las partidas durarán en torno a 30 minutos o menos si lo jugamos a dos jugadores. Por este motivo, en muchas partidas el componente estratégico que mencionábamos antes, o elegir los edificios que construimos con mucho cuidado, se va por la borda si vemos que los demás jugadores no dejan de construir edificios. Es decir, el juego puede convertirse en una carrera para activar el final de la partida. Esto puede paliarse con alguna regla casera, por ejemplo, haciendo que el final de la partida se active al construir un número mayor de edificios.

Conclusión

Oh My Goods! es equiparable a esa camiseta negra que todos tenemos en nuestro armario. Esa que nos salió muy barata y la usamos muchísimo porque va con todo. Genial para llevarlo de viaje, genial para usarlo como filler rápido y genial para cuando tengamos ganas de un juego con cierto componente estratégico que tampoco se alargue hasta el infinito. En definitiva: ¿ha conseguido Oh My Goods! presentar un auténtico euro de bolsillo? Puede que no, pero se ha quedado muy cerca.
 

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